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UN POEMA DE INVIERNO
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Invierno
crudo, luces pasajeras.
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Invierno
repetido y monótono.
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La
hierba humedecida
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y
mis ojos cansados de mirar.
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La
juventud como un dios sonámbulo
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o
la vida, quizás la vida,
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como
un sol que se extingue.
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Veo
duendes jubilados
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saltando
entre la harina dulce de los días,
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dormido
en una habitación de hotel
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con
un cuerpo desnudo a mi lado.
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Cerrar
los ojos, hay que cerrar los ojos
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si
les sobra la luz,
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hay
que cerrar los ojos
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y
no mirar la anchura inabarcable
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de
este río de sangre cotidiano.
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¡Qué
pérfido y qué triste
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el
amanecer de lo prohibido!
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(Antonio Redondo)
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