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Desde la nieve convertida en agua,
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desde el sucio periódico sin dueño,
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desde la niebla, desde el tren hundido
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con sus cientos de manos que buscan asidero;
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desde la fantasía de los anuncios luminosos
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y el ruido sin piedad de las bombas de incendio;
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desde la noche que nos cae encima
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—losa de cielo sin estrellas—;
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desde cada momento perdido entre las calles
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donde todos los solos del mundo pasan desconocidos;
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desde el árbol sin hojas y el camino sin gente,
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otra vez, como ayer, como mañana,
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acaso ya como todos los días que vendrán, si es que vienen,
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entro al silencio.
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Eugenio Florit
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