Materiales de construcción, aire, objetividad, desniveles, cuerpos: cinco bombas en el bordado de la conciencia occidental. En una sociedad que no tendrá nunca más pasado, en la que el desperdicio es desalojado del horizonte por la propia velocidad de la destrucción y la renovación de las mercancías supera al hombre como a un obstáculo o a un parásito; en una sociedad en la que "joven" es lo contrario de "enemigo" y "nuevo" lo contrario de "culpable" y en la que, en consecuencia, lo viejo, lo usado, lo vivido, lo lento, lo carnoso, contagian la enfermiza viscosidad de una amenaza alienígena; en una sociedad de cosas hechizadas que se intercambian solas y casas encantadas que se construyen a sí mismas; en una sociedad en la que el arte se limita a escenificar hasta el agotamiento la rentabilidad de su propia muerte; en la que el Supermercado, el Parque Temático y la Instalación se solapan sin diferencia; en la que la individualización de la expresión ya sólo permite comun-icar la sucesión de los autismos (con la consiguiente desaparición de corrientes, movimientos o estilos de los que un crítico pueda derivar una tradición); en una sociedad así, la ruina -física o arquitectónica- es la comparecencia repentina de su fracaso: demasiada lentitud, demasiada "comunidad", demasiado espacio entre los escombros.

Santiago Alba Rico

 

Home

e-mail